Claret París CubaRecodando los comienzos de la Congregación, María Antonia escribe en una carta: “todo lo tengo dejado a Dios que no se muda: yo nada tengo en la obra que Dios me confió; mío no hay nada; solo por obediencia trasladé a papel lo que Dios me mandó guardar”. (Epistolario, C. 252)

En este día reconocemos una vez más que nuestra familia religiosa es un don de Dios; que somos regalo, fruto de la gratuidad de Dios que obra en la historia y se inclina sobre la humanidad sufriente, dirige su Palabra y la cuida, realiza el Reino. Todo esto a través de personas que se dejan llevar por su Espíritu, personas que como París y Claret no solo escuchan noticias sino se hacen cargo de ellas a los pies de la Cruz.

Como nuestra vida es fruto del amor, así es la vida de nuestra comunidad congregacional: venimos del amor y en él queremos permanecer fieles. Este amor y la fidelidad se entretejen en la realidad cotidiana hecha de gestos, decisiones, de opciones en la misión.

Reconozcamos este don de Dios que somos y renovemos nuestra fidelidad. Hagámonos cargo de la realidad concreta que vivimos, pidiendo a Dios la gracia de conocer el modo de realizarlo, siendo fieles a nuestra misión principal de testimoniar el Evangelio, de cualquier forma. Es lo esencial y vital de nuestro carisma claretiano (cf. DC 2017, 9).

¡Feliz día de la Fundación, para todos quienes comparten el mismo espiritu!

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