Presentación1

28 DE JUNIO 1813. Su asomarse a la vida fue en tiempos de graves conflictos políticos, de guerra, inseguridad, pérdidas, incertidumbre. El contexto en que nació y su experiencia vital son ejemplos de una partida ganada a la vida, que se convierte en memoria agradecida y signo de esperanza de que Dios siempre “acompaña y cuida a sus hijos con ternura de madre”.

Vemos en ella un testimonio de una vida confiada en Dios y una intercesora a quien suplicar el favor divino para que, sostenidos por ese caudal de gracia, afrontemos los desafíos de nuestra historia  y ofrezcamos a nuestros hermanos un “lugar” adonde acudir en búsqueda de consuelo y protección. No nos cansemos de proponer, y más aún, en este tiempo de tanto dolor, a María Antonia París, como mediación entre Dios y tantas personas que sufren, no sólo la enfermedad que azota nuestra tierra, sino tantas situaciones que de ella y otras circunstancias se desprenden. Animémonos a ser puentes de consolación y profetas de esperanza junto a Madre Fundadora.

 

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