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El pesebre es desde su origen franciscano una invitación a “sentir”, a “tocar” la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación.

Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz.

Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados.

                            (Admirabile Signum, 3)

 

¡Ah! todo un Dios hecho hombre se digna bajar del cielo para enseñarnos el cumplimiento de su Evangelio por palabra y obra, para que nadie se excusara en cumplirlo.

¿Con qué traje se presenta este gran Señor, cuyo es el cielo y la tierra, para enseñarnos el cumplimiento de su voluntad? ¡Yo no veo más en la santa cueva! ¡dichosa cueva! ¡que una extremada pobreza y un éxtasis de humildad!

                                                             (cf. M.A. París, P. para la reforma, 67)

 

¡Belén, nuestro lugar de encuentro!

Contemplando este signo admirable, caminemos a su luz

como una sola familia de Dios.

 

El Gobierno General de las Misioneras Claretianas les deseamos

¡FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO 2020!