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Este año se celebra el domingo 17 de noviembre, con el título “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”. Esta frase, elegida por el Papa Francisco e inspirada en el salmo 9, nos ofrece pistas de reflexión y de acción para seguir caminando en un cambio de mentalidad que nos permita descubrir lo esencial, haciendo efectivo el anuncio del Reino de Dios.

Todos estamos llamados a mirar a los ojos de los pobres que nos encontramos, compartir con ellos un pedazo del camino, “acercarnos” a cada persona en dificultad. No perdamos la oportunidad de comprometernos en acompañar los procesos de dignificación de nuestros hermanos más pobres y convertirnos en instrumentos y oportunidad para la paz, la solidaridad y la promoción de la dignidad de todo ser humano porque, tal como dice el lema, nuestro compromiso no quedará sin fruto.

Nos unimos en comunión con la Iglesia universal y con los pobres del mundo que, como dijo el Papa, solo necesitan “una mirada de amor y una mano tendida”.

 

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