sposa mia

Así hice mi tan suspirada profesión a los 27 de agosto 1855 en manos de mi Prelado Claret con indecible contento de todos, y más gozo de mi alma, que éste no hay con qué expresarlo… (Aut. MP225)

Al ponerme Su Excelencia Ilustrísima Claret la corona, sentí un peso tan extraordinario en la cabeza que me la hacía inclinar y naturalmente pesaba muy poco la corona por ser de flores muy finas. Admirándome yo mucho de aquel grande peso me dijo Nuestro Señor «Éste es hija mía, el peso que carga sobre ti de la Reformación de mi Iglesia; y me llamó Su Divina Majestad tres veces  «esposa mía» con grandísimo cariño dándome a entender que me amaba mucho el Eterno Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo: Y me dijo Nuestro Señor «Hija mía: de aquí en adelante quiero estar sentado en medio de tu corazón como en mi propio trono»: Y me pagó con tanta gracia el haber esperado por tantos años este sagrado desposorio que quiso Su Majestad celebrarlo por ocho días seguidos conservando las especies sacramentales de una comunión a otra, gracia que me tenía el alma como fuera de mí y parecía que tenía su asiento o morada en el centro del Corazón Sagrado de mi Dios y Señor. Digo «en el centro del Corazón de mi Dios», porque no me parecía que estaba Dios en mi corazón, sino que vi cómo toda yo en cuerpo y alma estaba metida dentro del Sagrado Corazón de mi Dios y Señor. (Relación a Caixal, 9)

 

 

 

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