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Una vez más recordamos el aniversario del nacimiento de María Antonia París, en su momento, en circunstancias sociales y políticas conflictivas, que pueden evocar las actuales y las de tantos otros momentos de la historia, en los que esperar contra toda esperanza se actualizaba como hoy se actualiza de una manera particular.

Evocar el nacimiento de la Madre Fundadora nos lleva a dar gracias, por el milagro de la vida que amanece, y también por los caminos siempre sorprendentes de Dios que conduce, a aquellos que se dejan guiar por Él, en la novedad del Espíritu, por lo que Su huellas puedan llegar a ser visibles de varias maneras, ya que El siempre "hace que todas las cosas sean nuevas" (ver Ap. 21: 5a).

Ante esto, la confianza se ensancha y nos impulsa a decir: Danos, Señor, una mirada renovada, para comprender que la Vida que late, a veces está oculta. Danos esa fina sensibilidad espiritual, que nace de la fe y de la relación contigo, para enseñar a otros a "percibir" tu presencia vital incluso donde las cenizas del olvido, la indiferencia o la incredulidad parecen prevalecer. ¡Que nunca nos cansemos de sembrar la esperanza de la Vida que nos das!

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