Queridas hermanas,

En el recuerdo que acompaña la comunicación de estos días se han cruzado muchos mensajes de felicitación, de expresiones de unidad y oración. Agradecidas por el paso de Dios en este tiempo de Capítulos provinciales que han avivado la pertenencia y fidelidad vocacional, renovamos nuestro espíritu misionero. Ha sido una experiencia fraterna de unción y de lanzarnos de nuevo al camino, compartiendo y superando los obstáculos, facilitándolo unas a otras.

Os deseo, junto con todas las hermanas del Gobierno, abundancia del Espíritu para acoger y poner en práctica lo que Dios nos inspira, sobre todo a través de los acuerdos capitulares.

Deseo compartir también un fragmento de las felicitaciones de nuestros hermanos Misioneros Claretianos en ocasión de estas fiestas congregacionales.

Hacer memoria y re-cordar (volver a pasar por el corazón) es una manera de contemplar, agradecer y re-vivir, ojalá con renovada ilusión, aquel sueño y proyecto de “trabajar con toda diligencia en cumplir hasta un ápice los consejos evangélicos y trabajar hasta morir en enseñar a toda criatura el Evangelio”.

Tú y vosotras conocéis más y mejor aquel origen. Yo me imagino que la Madre Antonia era una mujer de deseo y de pasión por Dios, por Cristo, por el Reino, por el Evangelio. Los Profetas del Antiguo Testamento, Juan el Bautista, Pablo de Tarso…, fueron creyentes apasionados y celosos. Jesús de Nazaret fue también reconocido por sus discípulos como hombre y profeta del celo (Juan 2, 17).

Ese, me imagino, fue el sueño de la Madre Antonia para vosotras, sus hijas, en el siglo XXI. Mujeres apasionadas, celosas, deseosas y fuertes para que Dios sea conocido, amado, servido, alabado. Mujeres llenas de la fuerza y de la sabiduría del Espíritu Santo, que se ponen en camino para ser testigos creíbles del Evangelio y enviadas a anunciarlo, más con las obras que con las palabras.

 De parte del Superior General, Padre Mathew Vattamattam, del Gobierno General, de la Comunidad de la Curia General, de nuestra Congregación, os enviamos este mensaje de recuerdo, comunión y felicitación.

 Le pedimos a Dios que renueve en todas y cada una de vosotras, tanto la pasión y la sabiduría de vivir con radicalidad (desde la raíz) el Evangelio, como la llamada a seguir buscando (ojalá que también en Familia Claretiana) la manera más creativa de seguir dando a conocer a Jesucristo, Buena Noticia de Dios.

Os abrazo con cariño asegurando el recuerdo en la oración y contando con las vuestras.

                                                                                                                                                 Jolanta Kafka

 

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